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Monterrey N.L.

Aplausos, aplausos

Minuto
Por CHAVA PORTILLO









Seguramente mi comentario causará molestia e irritación porque curiosamente los humanos solemos actuar a conveniencia y maquillamos con reconocimiento y fanfarrias situaciones ingrávidas y fútiles para no complicarnos la existencia.

En días pasados, parte de la sociedad haciendo causa común con unos cuantos, levantaron la voz exigiendo loas y el aplauso para las personas que dedicaron con denuedo arriesgando su existencia en el cuidado de los semejantes, como enfermeras, doctores, camilleros y todo el personal que por su misión dedican parte de su vida.

A los que no pudieron salir con bien de su obligación perdiendo su vida en su hazaña fueron despedidos con honores y ulular de las sirenas convirtiendo el momento más dramático y penoso para sus familiares.

Jamás he entendido porque diversos oficios merecen reconocimiento mientras otros pasan desapercibidos y su actuación es premiada de diferentes formas, como por ejemplo, los meseros que ofrecen sus servicios al atenderte al ofrendar las viandas es común premiarlos con la propina del quince por ciento, algunas ocasiones inmerecidamente.

Incomprensible porque devengan un salario, pero la propina se ha convertido en obligación tributaria.

Los homenajes como por ejemplo figuras del arte o deporte al bautizar con su nombre a avenidas como Eloy Cavazos que fue un torero más espectáculo que artísta pero que jamás hizo algo filantrópico en bien de la sociedad y de eso tengo los pelos de la burra en la mano cuando organizamos la 1ª Verbena de los Leones en pro de invidentes y gente menesterosa, ofreció actuar después de mucho suplicarle a ocho meses de cancelar la fecha siempre y cuando le diéramos una propina a la cuadrilla que rondaría en cuatrocientos mil pesos.   -hablamos del año 1987-

Cantidad que el matador recogería para darles una menor a Vico su hermano, banderilleros, picadores y gente de avío.

Por qué se tiene que rendir homenaje a una persona que realiza una labor por obligación remunerada como parte de su contrato.  Los aplausos, diplomas, reconocimientos, homenajes y exaltaciones se deben hacer en vida o post mortem cuando hayan sido sin haber cobrado por su sacrificio.

Los bomberos, policías, doctores, ingenieros, choferes, cargadores, políticos, gerentes de bancos o pilotos aviadores convierten su labor remunerada en un ejercicio de contrato convenido y no existe obligación de aplaudir su trabajo ni homenajearlos ofreciendo un estímulo económico.  Ahora resulta que a un periodista hay que rendirle tributo y darle dinero porque escribe su editorial, o al mentecato futbolista habrá que premiarlo con un aumento por cumplir con su obligación de meter un gol.

Perdón, pero no hay porque aplaudir a las enfermeras que inyectan a un enfermo al médico que lo opera, ni al camillero que lo sube a la ambulancia.   MENUDENCIAS: No sé qué vaya a decir el cocodrilo mayor y su monito de peluche López-Gatell cuando los medios sorprendieron a la Secretaria del Trabajo Luisa María Alcalá por no portar el cubrebocas en un súper mercado en el departamento de vinos y licores.  Por más que se desgañitan con la sana distancia, cubrebocas, lávate las manos y QUÉDATE en casa, a la bisoña funcionaria le importó una pura y dos con sal.  ¿O qué es más show que preocupación real…? ¡A quémi cocodrilo!      [email protected]  


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