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Monterrey N.L.

El agua y el covid

Minuto
Por CHAVA PORTILLO

 









Existen medios que acusan cierto síndrome de sadismo.  Día que no encuentran una nota amarga, triste y dolorosa sienten que les falta algo para aderezar su publicación y entristecidos buscan adjetivos maquillados pueden llevar a los ojos lectores algo que les pueda ayudar a vender papel.

 

Ya sabemos que en el aeropuerto de la CDMX aterrizan y despegan cientos de aviones diariamente y no es noticia.  La nota que vende es el desplome de uno sólo, aunque sea una modesta Cessna 172 que usualmente es laboratorio de práctica para los pilotos del mañana.

 

El Norte antes un gran periódico, hoy un periódico grandote, publica en primera de locales la “novedosa” y escandalosa información que inicia la canícula y las presas están medio vacías, no es novedad ni tampoco tragedia, pero el petate del muerto es lo que vende y de eso trata este enredo, ya que hace tres años fue el mismo encabezado y hace seis y nueve o quince siempre ha sido la misma canción con diferente melopea.

 

La llegada de las lluvias serán tardías -como siempre- y escasas -como siempre- además por debajo del promedio -como siempre- y muy probable sufriremos desabasto habiendo quienes de atreven a pronosticar que llegaremos a la sufrida temporada cuando al gobernador Alfonso Martínez Domínguez le sonaban las cacerolas en las calles en las primeras demostraciones por la escasez de agua con la única diferencia es que hoy contamos con la Presa Cerro Prieto en Linares, la monumental El cuchillo en China que construyó Jorge Treviño y antes que el gallo cante tres veces estaremos tomando agua de la presa Libertad cerquita de Montemorelos.

 

Es lo mismo, pero no es igual dicen los farmacéuticos.

 

Recuerdo tanto a Doroteo Treviño anquilosado funcionario de CONAGUA que por tiempo inmemorial y ante la escasez de notas “hidráulicas” ha salido a decir una sarta de medias verdades que nos deja con el alma en un hilo y comiéndonos las uñas.

 

¿Por qué les afirmo todo esto?    Porque un pinchurriento huracancito medio pelo que nos sorprenda por Soto La Marina o Estación González y vamos andar desempolvado los chalanes y catamaranes para no ahogarnos con ríos embravecidos y arroyos desbordados, amén de las avenidas como las que acostumbra pavimentar Adriancito el pequeño alcalde de Monterrey con materiales de papel de china que ante la primera llovizna hay que volver a empezar.   En el bacheo, esta el ganeo, si no pregúntele a Federico Vargas el bailador, encargado de este rubro que da más dividendos que la lotería nacional.

 

Llega el verano, la canícula y todos los avatares que arrastran las temperaturas extremas, como también sucede con el arribo de los fríos congelantes con las gripes, pulmonías recordando que, con enero y febrero, llega el desviejadero.

 

¿Por qué no aprendemos a vivir cómo siempre hemos vivido?   Temperaturas como las de Cuernavaca, San Miguel de Allende o Concepción del Oro en Zacatecas jamás las  tendremos, como tampoco nunca hemos padecido las de Monclova, Casas Grandes, Jiménez Chihuahua y mucho menos Mexicali en Baja California donde los que hemos vivido ahí, sabemos que el diablo anda con abanico y te suelen decir que ahí solo hay dos estaciones, la de radio y la de calor.

 

Dejemos de ser pesimistas, hay que acostumbrarnos que a lo hecho, pecho, porque siempre hemos padecido estas temperaturas, sin lluvias abundantes y no hay más que aguantar la vara y saber vivir como con el calor y el coronavirus, que además de no desaparecer ya están advirtiendo que llega el chikungunya, influenza, o la AH1N1 de tristes recuerdos.  ¿Mortífero coctel, no cree usted?            [email protected]

 


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