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Monterrey N.L.

Tan cerca del adiós

Minuto
Por CHAVA PORTILLO










No pude evitar el domingo pasado luego de muchas ausencias de espectador, cierto dejo de tristeza cuando el programa “Cambios” en su habitual horario era conducido por Víctor Martínez y no por su creador y anquilosado director de orquesta Héctor Benavides el popular arquitecto.

Para los que hemos pasado algunos años en este guiso de los medios electrónicos no es sorpresa recordar que la televisión es muy cruel.   No perdona el color de piel, la arruga, el sobrepeso, la escasez o pintar canas, la mala facha, ni retar al padre cronos.

El tiempo es inexorable, no da vigor perdurable recita Andrés Z. Barba en su recordado soliloquio del toro viejo.   El arqui vio pasar sus mejores años frente a la cámara y algo tiene de adictivo el mal de la televisión que jamás nos queremos dar por enterados que ha llegado el momento de decir adiós antes que la crueldad del “vidrito” nos haga tragar el amargo elixir de la realidad.

Hace ya muchos ayeres que Héctor había dejado de ser el adalid del evento ante la salida de Gilberto Marcos como noticierista matutino y como eje del programa Foro por las inexplicables guerras internas de Televisa Monterrey que jamás consideraron a Marcos como Director General del Canal 2 trayendo a Eugenio Azcárraga y posteriormente a Ricardo tal vez por el lazo sanguíneo con Emilio dueño del bate, pelota y heredero del tigre Azcárraga Milmo, pero esa es otra barbacoa que algún día contaremos con mesura, morbo y delicia porque vale un Potosí.

Una muestra invariable que los defeños nos critican es la falta de personalidad y nos brota lo pueblerino, por ese motivo el referirse de usted y el estribillo del reportero de: “cómo bien dice usted arquitecto”, similar a la sumisión que exige tácitamente María Julia La Fuente al personal que ve en la conductora a la virgen de Guadalupe madre inmaculada, con la abyecta frasecita de “como usted nos indicó acertadamente licenciada”.  ¡Guácala!

El monstruo Joaquín López-Dóriga siempre fue para todos: “Oye Joaquín”, sin el licenciado ni señor director.

Las remembranzas, reconocimientos y su baúl lleno de recuerdos a entrevistas, premios, diplomas y querer traer el ayer al hoy a cada momento le nubla la óptica a Héctor que nuestros recuerdos sólo nos interesan a nosotros los viejos, a nadie más. 

Es elogiable el respeto y cariño que Francisco González hace con la gente que le ha entregado gran parte de su existencia y evidente que los chavos que heredarán la propiedad, no la toma de decisiones porque de eso ya tienen rato que llevan el timón y la vela del consorcio que ha crecido extraordinariamente. 

No existe duda que el arquitecto lo convertirá la familia González en Vicepresidente Editorial del grupo y respetarán su organigrama y oficina aunque su decisión sirva tristemente para dos cosas, para nada y para nada.

No sé porque los directivos de las dos televisoras les preocupa poco su cuadro y tardan en tomar decisiones, como el caso de TELEVISA con Ángel Giner que tiene de conductor lo que yo de astronauta, o la aberración de Mauro Morales que de modesto enterado del clima lo situaron como ejemplo de belleza, sabiduría y sobre todo buen vestir o al pobre diablo que aparece los fines de semana a medio afeitar y que no recuerdo su nombre.

Un adiós con dignidad es una salida por la puerta grande, no un lastimero mutis por la rendija de atrás obsesionado a ser Dorian Grey.   Ánimo, Héctor.


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