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Monterrey N.L.

Caso Tlatlaya

Por: Obed Campos

Hace menos de tres días vi una publicación que me llegó en cadena, tanto en Facebook como Twitter, acerca de un movimiento que se está organizando en apoyo a los militares detenidos por el presunto fusilamiento de presuntos delincuentes en una bodega abandonada en el Estado de México.

El movimiento se hace llamar “#YOSOY26”, emulando a los estudiantes de la Ibero que en las pasadas elecciones sacaron la onda aquella de “#YOSOY132” y en franco apoyo a los 25 militares consignados por el supuesto fusilamiento de presuntos delincuentes en Tlatlaya, Estado de México.

¿Por qué manejo el término, “presunto fusilamiento”? Porque no se han realizado las pruebas periciales que demuestren que fueron fusilados, aunque todo apunte a que así fue. Sin embargo los militares como cualquier otro civil que se encuentre en el banquillo de los acusados tiene derecho a ser escuchado y defendido hasta agotar todas las instancias.

¿Y por qué menciono presuntos delincuentes? Porque tampoco está totalmente comprobada la versión dada por militares en la operación en la que fallecieron en un supuesto enfrentamiento estas personas.

Pero en caso de que hayan sido delincuentes, sicarios o secuestradores, les fue negada la oportunidad de ser presentados ante un juez y al menos intentar demostrar su inocencia... O, como dicen los buenos abogados “ser vencidos en juicio”.

Pero también tengo que aclarar que nadie nos garantiza que todos los que murieron fueran delincuentes, porque es probable ( y ya ha pasado) que entre ellos estaban víctimas de secuestro probablemente caídas en un intento de rescate.

Algo que queda muy claro: La victoria tiene muchos padrinos y la derrota es huérfana.

Al darse a conocer la noticia todos vitoreábamos al Ejército por haber abatido a veintidós delincuentes. Desde el más alto mando castrense hasta el último de los soldados lo presumían por todos los medios y la qué esperar de la comparsita del poder llamada López Dóriga que los ensalzaba.

Entonces (en ese momento mediático) todos eran coautores de la cacareada victoria.

Nadie esperaba que surgiera una testigo incómoda que narró cómo sucedieron los hechos, lo que ocasionó “un cambio de libreto”.

No tardó mucho la justicia y fueron consignados ante un juzgado militar un oficial y 6 o 9 de tropa, “por infracción de deberes comunes, infracción de deberes militares, y desobediencia”.

Ojo: nunca publicaron que por homicidio, tampoco que se utilizó un exceso de fuerza y que se rompieron protocolos de guerra.

Será que quisieron darles una salida fácil y simplemente darlos de baja deshonrosa por desobedientes. Esto es una pregunta incómoda.

Posteriormente nos modificaron más la versión y sólo quedaron consignados tres “indisciplinados” soldados.

¿Qué acaso esos tres infortunados soldados no tenían un cabo del que recibían instrucciones?

¿Y acaso el cabo en caso de existir (que por supuesto si existió) no tenía un sargento comandante de pelotón?

¿Y acaso ese pelotón no era parte de una sección y la sección parte de una compañía y la compañía de un batallón?

¿Ese batallón no está encuadrado en una zona militar?

Ahora resulta que esos indisciplinados soldados actuaron por su cuenta y cometieron tal atrocidad.

¿O sea que en nuestro Ejército moderno, a diferencia de toooooooooodos los ejércitos del mundo hay soldados que se mandan solos?

No señores, los soldados no se desertaron y organizaron la emboscada para atacar a los delincuentes.

Un soldado carece de información externa, a diferencia de la policía actúa por órdenes directas no por un criterio propio.

Un soldado es un Instrumento de combate, su naturaleza no le permite tener contacto con civiles.

La información se nutre desde las guarniciones y zonas.

No es justo que paguen las culpas de todos sólo tres soldados.

Como tampoco es justo que no se juzgue tal acontecimiento.

Como tampoco es justo que la oscuridad y la opacidad prevalezcan en el que por tantos y tantos años fue llamado “Un ejército del pueblo” o “Un ejército de paz”.

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