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Monterrey N.L.

Queremos tanto al Chino

En la pila bautismal olímpica donde oficia incesante, José Jaime lo mismo le pone nombre a un poema, que lacra una epístola, que encabeza una nota en su periódico.

Con El Chino las musas nunca están de vacaciones. Las letras chiquitas de su contrato así lo consignan, pero creo que ellas lo firmaron con gusto.

¿Bebedor? Sí, de libros, aunque podríamos igual conocerlo como el gran devorador de letras, es en sus diariosDiscensos que escudriña y expone las verdades de muchos y de muchas.

De nuevo, como en el oficio primigenio que le valió las letras de oro para su nombre en Zacatecas, acá, en la lectura madrugadora, tampoco le da permiso a las musas: chillen putas.

Y como digo, Ruiz es el hombre que señala con el dedo lo que no tiene nombre para luego ponérselo.

Y si medio siglo es poco… José Jaime Ruiz es amigo, porque hasta ahora nadie ha demostrado lo contrario.

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