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Monterrey N.L.

Castigando a las candidaturas independientes

Jeremy Bentham (abogado, filósofo y politólogo inglés) afirmaba que existían dos grandes maquinarias de la realidad: el castigo y la recompensa. En el ámbito político, la democracia suponía ser justamente la plataforma para que los ciudadanos ejercieran ese mecanismo de castigos y recompensas en un esfuerzo por procurar el mejor de sus futuros. A inicios del presente siglo, ese castigo pareció aparecer con el fin del “sistema hegemónico” del PRI, como bien lo llamó Giovanni Sartori. El PAN llegó al poder principalmente como un voto de castigo a las administraciones anteriores del PRI –un voto de castigo que ya se había proyectado, aunque fue obstaculizado, en 1988.

Ahora resulta que los papeles se han cambiado en materia político–electoral. Con la reciente reforma en materia electoral nos prometieron un oasis a unos cuantos metros pero seguimos con la boca llena de arena. Esto debido a que los candidatos, pre-candidatos o aspirantes más castigados son, imagínese usted, los independientes. Estábamos ya a la espera de nuevas plataformas para refrescar (tan necesitadamente) las plataformas políticas en nuestro país pero las buenas intenciones han quedado hasta ahora sólo en eso.

Hace unos días, el Instituto Nacional Electoral (INE) dictaminó que de los 122 aspirantes que expresaron su voluntad de registrarse como abanderados sin partido para diputaciones federales, 70 no reunieron los requisitos legales; es decir, sólo procedieron 52 solicitudes. ¡Menos de la mitad! O sea que en palabras de Jorge Castañeda, “seguimos con la misma tradición mexicana leguleya y oscurantista de permitir las cosas para luego prácticamente prohibirlas en los hechos”.

“Si empezamos con un número pequeño —122 candidaturas—, que se redujo a menos de la mitad —52— después del primer filtro, seguramente se reducirá aún más mediante la dificultad de la obtención y certificación de firmas, y de ese número que finalmente llegue a la candidatura, muchos serán ‘tumbados’ por incumplir los requisitos adicionales que se han planteado”, comentó Castañeda.

En cuanto a nuestro estado, las cosas se ven igual de “oscurantistas”. La recolección de firmas para consolidar las candidaturas independientes ante la Comisión Estatal Electoral es una loza más pesada que la del Pípila. Lorenia Canavati, como ejemplo para la alcaldía de San Pedro, necesita recabar 7 mil firmas de ciudadanos (compárese con las cerca de 3 mil firmas de Margáin o Margarita presentadas en el proceso interno del PAN, aunque éstos para gobernadores). Y el “Bronco” Rodríguez en caso que se anime como independiente para la gubernatura… 106 mil firmas (otra vez como referencia: 3 mil firmas de los Panistas).

Está claro que ese mecanismo de castigos y recompensas salió bastantito torcido con la reciente reforma electoral. Pero con esfuerzos como el de Lorenia Canavati, quien ha estado recabando firmas de tiempo completo por San Pedro, este sabor arenoso que traemos tantos ciudadanos terminará reemplazado –esperemos que dentro de poco– por alternativas mucho más hidratantes.






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