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Monterrey N.L.

De silencios y respuestas inoportunas: la reciente política exterior de México

Hace algunos días Jorge Castañeda, antiguo Secretario de Relaciones Exteriores, estuvo en entrevista con Carlos Zúñiga criticando la postura de nuestro país en el problema de la migración de Estados Unidos. En el país vecino, Obama se ha enfrentado recientemente a una insurrección de gobernadores republicanos, quienes decidieron impugnar la acción ejecutiva de Obama en la materia. Consecuentemente, un juez de Texas decidió congelar, mediante medidas cautelares, el decreto o acción ejecutiva por la cual Obama pretendía favorecer el estatus migratorio de alrededor de 5 millones de migrantes indocumentados, otorgándoles una “legalización provisional”.

Ante esto, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México se guardó todo comentario, alegando que era una cuestión interna de Estados Unidos. El problema es que en ese país los indocumentados mexicanos representan un gran porcentaje, con un aproximado de 3 millones y medio.

“Me gustaría que el Gobierno de México formara parte de esta discusión. Que abandonara esa postura absurda de que esto es un asunto interno de Estados Unidos,” comentó Castañeda. Finalmente, Castañeda definió la postura mexicana como “nadar de muertito”, es decir, evitar hacer olas.

Y tal parece que los desatinos, o al menos las decisiones polémicas en materia de política exterior seguirán generándose. La política exterior ha sido una de silencios ensordecedores, cuando una postura o participación en el diálogo era fundamental, y de respuestas necias cuando el silencio (con sus significaciones tácitas) era la mejor opción. Es decir, todo al revés.

Tras la reciente reunión del Comité de Desapariciones Forzadas de la ONU, los representantes de nuestro gobierno federal salieron más respondones que un niño de primaria –¿por qué esta postura tan “sensible” cuando nuestro problema como país es evidente con más de 22 mil desaparecidos? Lo mismo con el tema de los peritos argentinos (invitados por los padres de los normalistas) en el caso de Iguala, en el cual representantes de la Procuraduría y del Gobierno decidieron discutir públicamente con ellos cuando los peritos no avalaron los resultados de la Procuraduría.

Y esto solamente en la parte de las respuestas necias o inoportunas. Porque se acaba de sumar otro silencio incómodo a la política exterior mexicana: la falta de pronunciamientos ante los abusos generalizados en el país de Venezuela. Ante este último silencio, los comentadores políticos en nuestro país se pronunciaron casi al unísono: Héctor Aguilar Camín, Andrés Oppenheimer, Jorge Castañeda, entre otros. Aguilar Camín llegó al punto de decir que todo era como un amañado quid pro quo (“yo no me meto en los crímenes de nadie, que nadie se meta en los míos”).

Finalmente, como cereza en el pastel, cayó el comentario del Papa Francisco respecto a “evitar la mexicanización en Argentina” refiriéndose al problema del crimen organizado. Ante esto sí, ya se imaginarán, la cancillería mexicana decidió responder con “una nota diplomática dirigida al Vaticano”. Me pregunto, casi cínicamente, cuál será el tan inoportuno contenido de esa nota.



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