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Monterrey N.L.

En obsesiones se rompen géneros

Tierra de Nadie

Por Walid Tijerina


“Todos los extremos de los sentimientos están aliados con la locura.”

Virginia Woolf


Se aproximan los premios de la Academia y, curiosamente, en sus películas nominadas el presente año existe una preponderancia de historias sobre personajes que a través de obsesiones cambiaron el panorama de sus profesiones, disciplinas o del mundo en sí –Birdman, Whiplash, El código Enigma, La teoría del todo y Selma.

En todas ellas, el personaje principal sufre esa “revolución” interna que Aristóteles priorizaba como requisito para los personajes de una historia –la otra opción siendo la del “reconocimiento” como ocurre con Edipo al descubrir que se ha convertido en todo lo presagiado por el oráculo o, más reciente, con el personaje de DiCaprio en Shutter Island al reconocerse como el homicida de su propia esposa (disculpen el spoiler).

Dicen que los seres humanos son criaturas de hábitos, yo agregaría que también de obsesiones. En estas películas entonces, la revolución subjetiva es precisamente la obsesión tanto del personaje como de los creadores de las obras. Y algunas de ellas son revoluciones que dejaron legados inmensos en la historia o que hacen referencia a dichas transformaciones.

Tenemos en el primer caso a La teoría del todo (tal vez el filme más débil de los nominados), El código Enigma y Selma –las cuales se basan en personajes históricos que cambiaron el rumbo de la humanidad. Stephen Hawking, con su nueva concepción del universo y del tiempo; Alan Turing, evitando la muerte de aproximadamente 14 millones en la Segunda Guerra Mundial; y, por último, el caso de Martin Luther King, principal estandarte de los derechos civiles en Estados Unidos.

En el segundo caso, Birdman y Whiplash surgen como obras extremadamente técnicas que desmenuzan una disciplina artística. En Birdman, este ejercicio es meta-narrativo, contando historias dentro de una historia de Raymond Carver–ambas, sin embargo, teñidas magistralmente por la demencia de los personajes recreados por Michael Keaton. En la segunda, Whiplash, la obsesión de un joven en llegar al Olimpo del Jazz (Charlie Parker y Buddy Rich, sirviendo como principales referencias) lo obliga a pasar los mismos suplicios del personaje de Keaton.

Las obsesiones de dichos personajes, algunos históricos, otros ficticios, sirvieron afortunadamente para alimentar el genio creativo de directores, guionistas y escritores. Esto debido a que el presagio de Ralph Waldo Emerson cumplió con todos estos personajes: te conviertes en lo que piensas durante todo el día. Es decir, obras maestras.



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