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Monterrey N.L.

Las huellas de Julio Scherer

Tierra de Nadie

por Walid Tijerina


Yo acepto el caos, no sé si él me acepte a mí.

Bob Dylan


En estos días en que las fuentes de información son tan diversas y dispares, resulta cada vez más difícil coincidir en opiniones con amigos, familiares o terceros. México es, de entrada, un país bastante polarizado tanto en cuestiones socioeconómicas como ideológicas. Por esto mismo es por lo que sorprende o asombra, que en estas fechas en las que llegamos a parecer constructores babélicos, un personaje haya sido capaz de unir al amplísimo espectro de intelectuales en México.

El 7 de enero, hace poco más de una semana, murió Julio Scherer, quien pasará a la historia como uno de los periodistas más entrañables y reconocidos de nuestro país. Tristemente, la muerte de Scherer ocurrió el mismo día del atentado contra la revista francesa Charlie Hedbo, por lo cual el reconocimiento que se merece parece volar, aún, bajo el radar. Y si bien su muerte no ha recibido la cobertura que merece, las voces mexicanas se han solidarizado en valorar el gran trabajo de Scherer.

“Moría el periodista y escritor más reconocido de México de las últimas décadas; el protagonista de las grandes batallas por la prensa crítica e independiente en tiempos del autoritarismo pleno”, comentó Aristegui.

Scherer pasó de ser reportero del Excélsior hasta llegar a su Dirección General, donde finalmente (cuentan por ahí) fue corrido por el entonces Presidente Luis Echeverría debido a sus líneas editoriales incisivas. Pero, como casi todos los grandes de nuestra historia, hizo de la crisis, del caos y de los obstáculos mediáticos en México la madre de su ingenio. Así, terminó fundando el semanario Proceso con el recientemente fallecido Vicente Leñero: un semanario que le serviría de plataforma a Scherer para seguir desarrollando la misma excelencia periodística de siempre.

Gracias a su perseverancia y capacidad, Scherer realizó entrevistas con personalidades como John F. Kennedy, el Che Guevara, Fidel Castro, Octavio Paz, María Félix, Allende, Pinochet, Picasso, el Subcomandante Marcos, entre otros; gracias también a esa perseverancia, nos dejó obras como Los Presidentes, Terca memoria o La Reina del Pacífico –obras en las que plasmó los entreveros del poder y la corrupción que tanto han afectado a nuestro país.

Afortunadamente, nos quedan todas sus obras como huellas de su vida y su pensamiento. Julio Scherer se alzó del caos de obstáculos y de las confrontaciones con el poder para pasar a la historia como uno de nuestros grandes. El mejor reconocimiento que podemos darle es leerlo y releerlo.



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