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Monterrey N.L.

Nuestra utopía corporativista 1/2

Tierra de Nadie

Por Walid Tijerina


Tal vez el proyecto más ambicioso del General Lázaro Cárdenas, a la par de la expropiación petrolera, fue terminar de pulir el diseño de un partido que su antes mentor, Elías Calles, había fundado con el principal objetivo de centralizar el poder político del país y arrebatárselo de una vez por todas a aquellos caudillos revolucionarios que reinaban sus respectivas regiones, entre los años veinte y treinta, como sheriffs de westerns en blanco y negro. El General Cárdenas, tras salir finalmente de la sombra del Maximato al correr a Elías Calles del país, ideó una plataforma política que tendría cuatro pilares fundamentales para asegurar un apoyo de masas mexicanas que pusiera fin a dichos caudillismos e insurrecciones tentativas. Así, uno de los ejes de la gran “utopía cardenista”, como la han llamado nuestros historiadores, daría inicio al México corporativista que hoy se devora a sí mismo.

En ese entonces, los cuatro pilares estaban constituidos por los siguientes sectores: obrero, campesino, popular y militar. Mediante el apoyo incondicional de estos sectores, el General Cárdenas pudo afianzar una estabilidad y centralización política que perduraría por otros sesenta años (el PRI hegemónico), superando oposiciones iniciales, y bastante férreas, como las del Grupo Monterrey –conformado por la élite industrial de esta ciudad, dueños de las principales empresas de la región como Cervecería Cuauhtémoc y Vidriera para quienes el General Cárdenas representaba un socialismo radical.

Y es que la utopía cardenista tenía como meta principal abatir el problema histórico de México, herencia de épocas coloniales y origen de la propia Revolución Mexicana: la desigualdad. Por esto mismo es por lo que Cárdenas, junto con Lombardo Toledano, afianzaron el apoyo de organizaciones campesinas y obreras mediante esfuerzos por mejorar salarios y redistribuir tierras de manera más equitativa. De igual manera, por esto es por lo que Cárdenas ideaba un México agrario o un México donde, en palabras del entonces Subsecretario de Relaciones Exteriores Ramón Beteta, “la industria estaría al servicio de las necesidades de una sociedad agraria”, y no al revés.

A través de las décadas, no obstante, la utopía cardenista en pro de la igualdad se fue desmoronando ante una mayor industrialización y un aumento desmedido de vicios sistémicos. El dominio del impulso industrializador a partir de los años cuarenta, desplazó gradualmente a uno de los pilares corporativos: el campesino. Y ya en el crepúsculo del PRI, a partir de los ochentas, otro de los pilares corporativos (el obrero) se vería igualmente afectado ante aperturas globales precipitadas que aumentarían la desigualdad y el rezago de salarios.

Ahora, tenemos a estos dos sectores, obreros y campesinos, eternamente disgustados con los andares del gobierno federal. Los trabajadores de la educación, que eventualmente se sumarían al pilar obrero del corporativismo, y en especial la viciada CNTE, han pasado la mayoría de la presente administración federal protestando en contra de reformas y acciones gubernamentales. Finalmente, en estos últimos días, el sector campesino se ha sumado a dichas protestas: organizaciones como el Congreso Agrario Permanente, la Central Campesina Cardenista y la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, han tomado las calles de la Ciudad de México para oponerse a recortes presupuestales en programas de apoyo agrario.

Es claro que aquel diseño corporativista que realizó Cárdenas para lograr una mayor igualdad y estabilidad en México se ha viciado en algunos pilares y desequilibrado en otros, hasta convertirse, a final de cuentas, en una recurrente pesadilla para nuestro país.



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