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Monterrey N.L.

Una Suprema Corte ad hoc

Tierra de Nadie

Por Walid Tijerina


Hace ya casi un año, el ministro de la Suprema Corte Arturo Zaldívar publicó un artículo en la revista Nexos puntualizando los roles y tareas pendientes que tenía la Suprema Corte de nuestro país ante las recientes y ambiciosas reformas “estructurales” llevadas a cabo en el 2013. La postulación central de su artículo era que la Suprema Corte debía ser el catalizador en la aplicación de dichas reformas tendientes al desarrollo económico y social.

Autores como Richard Posner, Daron Acemoglu y Katharina Pistor han estudiado ya ampliamente el vínculo fundamental que existe entre la ley y el desarrollo económico. No obstante, lo que más resaltan estos autores es el peso, mucho mayor, que tienen las instituciones judiciales sobre meras reformas legales –porque, a final de cuentas, los tribunales y las cortes son los principales encargados de aplicar dichas reformas mediante interpretaciones y criterios. Es decir, en palabras de Pistor, “buenas leyes no pueden sustituir instituciones débiles”.

Ya en el caso puntual de México entonces, el ministro Zaldívar resaltó que:

“El papel de la Suprema Corte en las transformaciones emprendidas tiene una doble jerarquía. Por un lado, el contenido jurídico de las reformas no se completa sino hasta ser interpretado y validado por ella. Por otro lado, la interpretación de la Corte hace viables las reformas, pues emite los criterios jurisdiccionales que guían a los operadores jurídicos y las normas definitivas que obligan a los distintos ámbitos de gobierno.”

Las instituciones judiciales de los países se convierten entonces en una especie de filtro y catalizador de toda reforma legal –una práctica que México ha evidenciado con base en nuestro vecino Estados Unidos.

Tras la Gran Depresión a inicios de los 30’s, el llamado New Deal del presidente F.D. Roosevelt se respaldó de gran manera en el poder judicial. La Suprema Corte estadunidense fungió como uno de los actores principales en la aplicación e interpretación de las medidas de recuperación lanzadas por Roosevelt.

Sin embargo, hubo momentos en que los esfuerzos del presidente fueron desmedidos, pues tuvieron que frenarlo en sus intentos por reformar la integración de la Suprema Corte con la finalidad de incluir a más ministros que le fueran leales (demócratas) para lograr mayorías interpretativas en todas sus reformas legales. En este caso de Roosevelt, los contrapesos del sistema político norteamericano, en especial el legislativo, resistieron una reforma que hubiera deshecho el balance original de ese país.

Y todo este esfuerzo sale ahora a colación en nuestro país con la designación de Medina Mora como leal ministro de EPN en la Suprema Corte. Por esto mismo es por lo que Peña Nieto luchó contra viento y marea (entiéndase “percepción pública” a falta de un verdadero contrapeso político) con tal de meter a Medina Mora en la SCJN: un voto incondicional para sus reformas estructurales. ¿Habrá valido este voto tanta controversia y desprestigio que le generó, no sólo a EPN, sino al aparato entero del PRI?



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